La mente como un sistema de procesamiento de información
El paradigma cognitivo.
Durante buena parte del
siglo XX, la psicología estuvo dominada por el conductismo, un paradigma que
apostaba por estudiar únicamente la conducta observable, dejando de lado los
procesos mentales internos por considerarlos inaccesibles al método científico.
Sin embargo, esta forma de entender la conducta humana empezó a mostrar
importantes limitaciones, especialmente a la hora de explicar fenómenos
complejos como el lenguaje, la memoria o la toma de decisiones.
En este contexto surge
el paradigma cognitivo, que supuso un auténtico cambio de mirada en la
psicología. Su principal aportación fue recuperar el estudio de los procesos
mentales internos, tal y como pueden ser pensamientos, creencias, expectativas
o esquemas mentales, sin renunciar al rigor científico. La metáfora del ser
humano como un “procesador de información”, influida por el desarrollo de la
informática y las ciencias cognitivas, permitió formular hipótesis comprobables
sobre cómo percibimos, interpretamos y respondemos al mundo.
Uno de los aspectos más
característicos y exitosos de este paradigma es la idea de que no son los
hechos en sí los que determinan nuestra conducta y nuestras emociones, sino la
interpretación que hacemos de ellos. Este planteamiento ha tenido una enorme
repercusión práctica, especialmente en el ámbito clínico. La terapia cognitiva
y la terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, se basan en identificar y
modificar pensamientos disfuncionales para generar cambios emocionales y
conductuales significativos.
El paradigma cognitivo
también ha demostrado ser especialmente fértil por su capacidad de integración.
A diferencia de otros enfoques más cerrados, ha sabido dialogar con la
neurociencia, la psicología social, la educación e incluso con corrientes
humanistas, lo que ha contribuido a su vigencia y evolución constante.
En definitiva, el
paradigma cognitivo puede considerarse uno de los grandes paradigmas exitosos
de la psicología, no solo por su solidez teórica, sino por su enorme impacto
aplicado. Su legado principal quizá sea haber demostrado que comprender cómo
pensamos es una vía privilegiada para comprender por qué sentimos y actuamos
como lo hacemos.
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